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Antonella Natzola Aligiari

Querida Antonella, ante ti tienes la carta que después de muchos años me atreví a escribir, sabes que no fui bendecido con el don del habla, más sin embargo al escribir puedo sentir que cada parte de mi alma se imprime en las palabras que ahora lees. No estoy seguro si fui lo suficientemente valiente para leerla frente a ti o tú la lees con tan poca atención que seguramente me escuchas fumar y sientes que te miro tan profundamente que te incómoda. En fin, la razón de tanto alboroto y rebusco de palabras es para confesarte el aprecio y el cariño tan grande que en mi provocas desde el día que te conocí, tal vez ya perdí la cuenta de cuantas veces te he pensado en todos estos años de conocernos, ocultandome tras la máscara del amigo incondicional, pero no te confundas, esto va más allá que el capricho de un niño que quiere el dulce por el simple hecho de decirle que no puede tenerlo, esto va más allá de un gusto corporal, más allá de algo que puedas palpar. Aún recuerdo la primera vez que te conocí en aquel baile, ambos tan emocionados por ver a nuestros amigos, conocer nuevos, como quien piensa que eso era sentirse aceptado, y está bien, los dos éramos sólo niños, ¡ja!, “sólo un amor de niño”, pensarás, pero después de verte y conocerte por tantos años, verte crecer física y espiritualmente, me doy cuenta que esto que siento hacia ti no es algo que se pueda explicar, es algo tan fuerte que todo este universo tendría que jugar a mi favor, tal vez es un día soleado y lleno de un pasto tan verde que sería maravilloso acostarnos juntos, o por otro lado, es un día nublado, lluvioso y gris, de cualquier modo no pierdo el ánimo porque estoy a lado tuyo, esa energía que irradias no se apagará nunca, y eso mismo es lo que me atrae a ti como la tierra al sol, tienes esa calidez y esa sonrisa tan deslumbrante que haces que cada que me acerque sienta que ya no soy yo mismo, sino que me fusiono contigo en algún espacio o tiempo distinto. Y eso no es todo, esa forma de vivir, de saber lo que eres, la forma en la que sufres por los demás, lo sensible que eres y no te da miedo ocultarlo, lo que quieres, lo que eres, de ver en la mujer tan hermosa espiritualmente en la que te convertiste a lo largo de los años, incluso a veces esa falta de confianza en ti misma me encanta, me gusta apoyarte, hacer que crezcas como ser humano, que te quites esa venda de los ojos, que no te importe que la gente piense diferente a ti o que se incomode ante tus ideas, me gusta lo libre que eres, me gusta la persona que me haces ser cuando te veo al menos por unas pocas horas.
Oh, Antonella, Si aún sigues leyendo esto y no te has dado cuenta de toda la verdad, quiero analices mejor el título de esta carta, es un juego de palabras en mayúsculas, sólo únelas.
Aquí me despido, seguramente ahora muerto de nervios como niño de de primaria indefenso que siente mariposas al verte.

Antonella Natzola Aligiari

Querida Antonella, ante ti tienes la carta que después de muchos años me atreví a escribir, sabes que no fui bendecido con el don del habla, más sin embargo al escribir puedo sentir que cada parte de mi alma se imprime en las palabras que ahora lees. No estoy seguro si fui lo suficientemente valiente para leerla frente a ti o tú la lees con tan poca atención que seguramente me escuchas fumar y sientes que te miro tan profundamente que te incómoda. En fin, la razón de tanto alboroto y rebusco de palabras es para confesarte el aprecio y el cariño tan grande que en mi provocas desde el día que te conocí, tal vez ya perdí la cuenta de cuantas veces te he pensado en todos estos años de conocernos, ocultandome tras la máscara del amigo incondicional, pero no te confundas, esto va más allá que el capricho de un niño que quiere el dulce por el simple hecho de decirle que no puede tenerlo, esto va más allá de un gusto corporal, más allá de algo que puedas palpar. Aún recuerdo la primera vez que te conocí en aquel baile, ambos tan emocionados por ver a nuestros amigos, conocer nuevos, como quien piensa que eso era sentirse aceptado, y está bien, los dos éramos sólo niños, ¡ja!, “sólo un amor de niño”, pensarás, pero después de verte y conocerte por tantos años, verte crecer física y espiritualmente, me doy cuenta que esto que siento hacia ti no es algo que se pueda explicar, es algo tan fuerte que todo este universo tendría que jugar a mi favor, tal vez es un día soleado y lleno de un pasto tan verde que sería maravilloso acostarnos juntos, o por otro lado, es un día nublado, lluvioso y gris, de cualquier modo no pierdo el ánimo porque estoy a lado tuyo, esa energía que irradias no se apagará nunca, y eso mismo es lo que me atrae a ti como la tierra al sol, tienes esa calidez y esa sonrisa tan deslumbrante que haces que cada que me acerque sienta que ya no soy yo mismo, sino que me fusiono contigo en algún espacio o tiempo distinto. Y eso no es todo, esa forma de vivir, de saber lo que eres, la forma en la que sufres por los demás, lo sensible que eres y no te da miedo ocultarlo, lo que quieres, lo que eres, de ver en la mujer tan hermosa espiritualmente en la que te convertiste a lo largo de los años, incluso a veces esa falta de confianza en ti misma me encanta, me gusta apoyarte, hacer que crezcas como ser humano, que te quites esa venda de los ojos, que no te importe que la gente piense diferente a ti o que se incomode ante tus ideas, me gusta lo libre que eres, me gusta la persona que me haces ser cuando te veo al menos por unas pocas horas.
Oh, Antonella, Si aún sigues leyendo esto y no te has dado cuenta de toda la verdad, quiero analices mejor el título de esta carta, es un juego de palabras en mayúsculas, sólo únelas.
Aquí me despido, seguramente ahora muerto de nervios como niño de de primaria indefenso que siente mariposas al verte.

Te odio.

Te odio a cada momento de mi vida.

Te odio cuando haces mi vida tan maravillosa.

Te odio cuando sin querer roso tu mano y me haces volar.

Te odio por ser la persona que me hace vivir mejor.

Te odio porque la vida es más fácil si tú estás.

Te odio por crear en mi al un mejor ser humano.

Te odio por ser tan apasionada en tus convicciones.

Te odio por ser libre.

Te odio porque tu libertad no me molesta.

Te odio por tantas razones que no sé explicar.

Tal vez sólo te odio por la simple negación de no querer amarte tanto.

ÍDOLOS DE FANTASÍA.

Últimamente me he dado a la tarea de ver películas, reportajes, conciertos, entrevistas,etc…todo lo que tenga que ver con las estrellas más grandes que ha dejado el rock (The Doors, Nirvana, Jimi Hendrix, Pink Floyd, Queen, Janis Joplin, The Beatles) sólo para comprobar mi teoría, contestarme una simple respuesta: ¿Qué es lo que nos hace adorar a estas personas? porque no son otra cosa más que personas, algunas otras personas los consideran “Dioses”, alguna especie de ser más allá de nuestra comprensión. Pero, ¿qué es lo que nos hace adorar a estas personas?, es muy sencillo, no los adoramos a ellos o a su música, sino a lo que nos gustaría ser, al libertinaje que representan; ellos no están atados a las normas que nos rigen normalmente, a la moral tan absurda que tenemos hasta por genética, ellos son completamente libres, son ellos mismos, no tienen miedo al qué dirán. Esto es algo que mucha gente o la mayoría de la gente añora durante todos los años de su vida, el poder ser libres completamente, despojarte de los prejuicios y que no te importen las miradas; porque, seamos realistas, ¿cuantos en realidad se sienten libres?, ¿libres de mente, alma y cuerpo?, ¿quienes de ustedes pueden decir “estoy siendo o haciendo lo que siempre he querido hacer o ser?, ¿quienes de ustedes pueden considerarse una Janis Joplin, un Jim Morrison, un Roger Waters, un John Lennon o un Kurt Cobain? ¡NADIE!, y no porque ellos sean famosos, dejando muy aparte su música, aún que no lo niego, son verdaderamente cantantes muy buenos, nadie lo niega; Pero, imaginemos que jamás hubieran aparecido en publico, que jamás los hubiéramos visto hacer sus desmanes, que simplemente nos hubiéramos redimido a escuchar su música; no los adoraríamos como lo hacemos ahora, ¿no sería lo mismo verdad?, es porque ellos representan todo lo que en realidad es el Rock (sexo, drogas y rock & roll), ellos representan todo lo que en realidad nosotros querríamos ser y tener, a todos nos hubiera gustado tener todo el dinero que ellos tuvieron, toda la fama que ellos tuvieron, las mujeres u hombres que tuvieron, ser como ellos fueron. 

Así que no nos hagamos tontos, serán muy buenos músicos, pero nada sería igual si no hubieran sido unos drogadictos, rebeldes e  incomprendidos. Personas comunes y corrientes que quisieron ser ellos mismos. 

Ojos verdes.

Tus ojos son como manantiales profundos que
me llevan a lugares inventados por mi 
propia lución. 
Ojos verdes profundos y soñadores despiertan mi ser.
Mis ojos se enloquecen al no verte, ya que tus pupilas 
alumbran mi soledad y tristeza interna.
Ojos verdes matadores, ojos verdes que me hacen soñar
en lo mas profundo de estos lugares.
Anoche sentí tu perfume y me despertaba, pronto miraba
y mi cabeza ya tan loca por ti, que tus ojos verdes ni siquiera los vi.
Son esos ojitos matadores que me desvelan y no me dejan vivir.

Perfección.

Si buscara una definición exacta de “perfección” te aseguro que no la encontraría, pero lo que más se acerca es tu sonrisa y tus ojos. O tal vez exagero, pero vaya, ¿que hombre no exagera con tal de hacer feliz a una mujer?

¿CELOS?

¿Celos? Algunos dicen que es falta de seguridad, otros afirman que es una forma de demostrar lo importante que es esa persona y otros cuentan que sólo es una forma de poseer a la persona querida; En lo personal, estoy de acuerdo con la segunda afirmación, pero como todo ser humano, necesitamos estar seguros de lo que tenemos y que esa persona es enteramente para nosotros, esto haría que entráramos en la tercera verdad, la cual nos lleva a la primera: al querer a esa persona sólo para nosotros estamos seguros de que tememos perderle, porque inconscientemente no nos creemos completamente seguros de que la persona sienta lo que nosotros sentimos hacía ella… Y todo esto nos lleva a la segunda opción, la cual conlleva a las otras dos. 
Los celos son un circulo vicioso que jamás va a terminar, no importa que digas “yo no soy celoso” no te salvas jamás de esta enfermedad

Amor a distancia.

Quizás el amor a distancia
es tan solo una mentira
pero no puedo volver atrás
y tu , ya estas en mi vida

yo se que estas muy lejos
pero algín día estaré a tu lado
entonces te daré mi amor
y los besos que he guardado

te abrazare con el alma
y te hablare con el corazón
me perderé en tus ojos claros
mientras crece la ilusión

mis labios dibujaran 
en el aire palabras de amor
irán cayendo las lagrimas 
y se ira apagando el dolor

el amor que juntos soñamos
entonces sera realidad
y seremos la única luz
brillando en la oscuridad

Grandes amores.

Dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que el padre o madre de tus hijos. Esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.

Y dicen que hay un segundo amor, una persona que prefieres siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y nos impedirán siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejas de intentarlo. Te rendirás y buscarás a esa otra persona que acabarás encontrando.
Pero te aseguro que no pasaras una noche sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más.

todos saben de que estoy hablando, porque mientras estabas leyendo esto, te ha venido su nombre a la cabeza.

Te librarás de él o de ella, dejarás de sufrir, conseguirás encontrar la paz (la sustituirás por calma), pero te aseguro que no pasará un día que desees que estuviera aquí para perturbarte. Porque a veces se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias.  

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